
Por eso te presentamos opciones para todos los gustos y según lo que te apetezca. Y si no tienes mucho presupuesto y las propuestas te parecen inalcanzables, quédate con el concepto y busca qué tienes más cerca de casa, ¡pero no renuncies a cambiar de escenario durante el verano!
La primera opción y también la más autóctona es Ibiza, que en verano pasa de simple isla mediterránea a capital mundial de la fiesta. El inconveniente es que puedes dejarte medio sueldo en entradas a discotecas, consumiciones y otros complementos para aguantar toda la noche. La ventaja es que de día podrás descansar en las playas más bellas que jamás hayas visto. Y si lo que buscas es ir a otras partes del mundo, Bangkok, Miami Beach y Rio de Janeiro también tienen fiesta para rato.
El primer sinónimo de viaje de aventura suele ser un safari, y es una muy buena opción, pero no la única. Si estás buscando que la adrenalina corra por tus venas con actividades como puenting, rafting, y todos los –ing que puedas imaginar, Costa Rica no está nada mal. En este país de Centroamérica hay montañas, volcanes, un bosque tropical, ríos caudalosos, flora abundante y una gente muy acogedora. Y si no, también puedes ir a Nueva Zelanda, Australia, Perú o a cualquier país de África.
Si te apasionan el arte, la historia o los patrimonios culturales de excepción será muy difícil escoger solo un destino. Europa, el viejo continente, está lleno de capitales y ciudades importantes donde se respira cultura por los cuatro costados: Madrid, Roma, París, Atenas, Londres, Estambul... La lista es interminable. Lo mejor es hacer una búsqueda de vuelos baratos (desde la página de Skyscanner puedes buscar a "Cualquier Lugar") y escoger según la oferta de que dispongas.
No todo el mundo es de playa, y aunque en España hay mucha costa, también hay mucha montaña: de los Pirineos a Sierra Nevada, pasando por la sierra madrileña o la cordillera Cantábrica. Lo mejor es alquilar un apartamento en un pueblo de montaña o buscar una buena habitación en un hostal o en una casa de turismo rural e ir explorando la zona tranquilamente. No hace falta subir al Aneto, pero si estás en forma hay muchas caminatas que valen la pena. Y si no, basta con respirar aire puro de la montaña leyendo un buen libro al sol.
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