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10 cosas que hacer antes de cumplir los 50

La vida está para ser vivida, sin prisa, pero sin pausa. Toma nota y descubre las 10 cosas que deberías hacer antes de los 50 años.

Viajar es un vicio capaz de encandilar al más joven y al más viejo, un arte que bien ejecutado permite llegar tan lejos como uno quiera. Coge papel, boli y anota porque a continuación van una serie de sugerencias de esas que todo el mundo debería experimentar al menos una vez en la vida. Cada una en su estilo resulta un auténtico placer para los sentidos. Si no te lo crees compruébalo tú mismo.

1. Crucero por la Antártida

Decir Antártida es decir naturaleza en estado puro, es decir bastos paisajes blanquiazules imposibles de encontrar en ningún otro lugar. Exótico, salvaje y helado, el llamado sexto continente resulta un destino perfecto para disfrutar a bordo de un crucero. Embarcarse en esta aventura requiere presupuesto generoso, buena ropa de abrigo y ser lo suficientemente valiente para cruzar el Paso Drake. Quienes ya lo han hecho coinciden: a pesar de los obstáculos, merece mucho la pena.

Pingüinos en la Antártida

2. Ver las pirámides de Egipto

Poco se puede contar de las pirámides de Egipto que no se haya contado ya. Lo mejor que puedes hacer es ir a verlas en persona. Acércate hasta la tierra de los faraones y descubre por ti mismo por qué la imponente pirámide de Guiza, la más grande y longeva de todas, fue nombrada con justicia una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo y Maravilla Honorífica del Mundo Moderno.

Pirámides de Egipto

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3. Hacer glamping en África

Glamping, dícese de hacer camping con glamour. Ideal para disfrutar de los encantos salvajes de África sin renunciar a la comodidad de un gran hotel. Si haces glamping dormirás en tienda de campaña, sí, pero en una tienda de campaña enorme que probablemente tiene colchones o camas, electricidad y un sistema anti insectos capaz de dejar frita a la mismísima abeja Maya. En países como Kenia, Zambia y Tanzania ya se oferta con éxito este servicio, igual que en las paradisiacas islas de Santo Tomé Príncipe y Seychelles.

Glamping en África

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4. Ver la floración del cerezo en Japón

Al llegar la primavera, algunas regiones de Japón se vuelven puro olor a flor. Olor a flor de unos cerezos que despliegan un mar de pétalos blancos ante quien se atreve a mirarlos. El Hanami, el momento en el que estos frutales florecen, es uno de los acontecimientos más esperados en el país del sol naciente. Pero este espectáculo no es solo cosa estética, no se trata de observar qué bonito está todo y ya. Este impresionante conjunto vegetal recuerda a locales y foráneos que su vida es tan breve y efímera como la de las flores, y les brinda una excelente ocasión para reflexionar.

Floración del cerezo en Japón

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5. Hacer turismo enológico en Francia

El vino consuela a los tristes, rejuvenece a los viejos, inspira a los jóvenes y alivia a los deprimidos del peso de sus preocupaciones, solía decir Lord Byron. Si dudas de su tesis ponla a prueba con una dosis de turismo enológico en Francia. Mucho saben de vino y de cómo disfrutarlo en el país galo, donde la oferta alrededor de este exquisito elixir es sumamente rica. Recorre sus viñedos, baja a sus bodegas y aprende a catar. La región de Alsacia o la zona de Burdeos son excelentes puntos para arrancar.

turismo enológico en la Mosela Francia

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6. Tomar clases de cocina italiana en Sicilia

Sicilia, bella y privilegiada isla de Italia, de esas en las que el verano se antoja perenne y resulta difícil marchar. Destino para disfrutar, destino para recorrer, destino para saborear. ¿Qué mejor forma de comérsela que descubriendo los secretos de su exquisita gastronomía? Arancini (compactas croqueta de arroz), cannoli (dulce canutillo relleno de queso ricota), o pasta alla Norma, son algunas de las especialidades que podrás aprender a preparar si te apuntas a un curso de cocina. No solo volverás a casa siendo mejor cocinero, además te traerás los sabores de esta buena tierra contigo para disfrute tuyo, de tu familia y tus amigos.

Cocina italiana en Sicilia

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7. Viajar en el Orient Express

Cruzar Europa de este a oeste o viceversa en un tren de lujo. Eso es lo que sigue proponiendo el Orient Express. Este ostentoso servicio de ferrocarril que supo apreciar como nadie la burguesía, aristocracia e intelectualidad de los convulsos años 30, sigue circulando hoy en día. Súbete en París y bájate en Estambul, bébete a sorbos un paisaje que viene aliñado con los servicios más exquisitos que jamás se han ofrecido a bordo de un vagón. Marlene Dietrich, Greta Garbo, Mata Hari y Lawrence de Arabia ya lo hicieron, ¿te lo vas a perder tú?

Orient Express

8. Ver el atardecer en Petra (Jordania)

Ver ponerse el sol en la capital del antiguo reino nabateo es una experiencia inolvidable, una de esas cosas que se suele ganarse un puesto de honor en la galería de recuerdos de cualquier viajero. Petra, esa imponente ciudad esculpida en piedra, no por nada ha sido nombrada una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo Moderno. Pasea entre sus restos arqueológicos y buscar un buen mirador para disfrutar los últimos rayos de sol. En la llamada ciudad rosa la hora mágica lo es, literalmente.

Atardecer en Petra Jordania

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9. Comer en un restaurante con unas cuantas estrellas Michelin

Que comer es un placer y que el turismo gastronómico es un deporte cada vez más practicado es un hecho que solo un necio negaría. Cada vez más, los ingredientes se combinan de las más atrevidas formas, las recetas de todas la vida se reinventan, y los chef crean auténticas obras de arte (tanto que a veces da pena comérselas). Si hay un sitio en el que este fenómeno se aprecia como en ningún otro lugar, ese es cualquiera de los restaurantes que presumen de estrellas Michelin. Tomar allí un menú es una experiencia única: todo tiene un nombre rimbombante, nada es lo que parece, y nunca sabe como esperas. Después de pasar por uno, es difícil volver a ver la cocina como algo banal.

10. Dormir en un castillo estupendo

Aunque no todos los nobles europeos fueron reyes, muchos se concedieron el privilegio de dormir como tal. La herencia de palacios y fortalezas que salpican el viejo continente da buena cuenta de ello. ¿Lo mejor? Que ahora tú también puedes pernoctar en sus aposentos. Date el capricho, consiéntete, pasa la noche sobre la mullida cama con dosel de un auténtico castillo. No lo postergues más, haz tu cuento de hadas realidad ya. En tu mano está.

Castillo de Ashford en Irlanda

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