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10 razones gastro para visitar Bruselas

La capital belga es el paraíso para los amantes de la cerveza y de los paladares que buscan disfrutar de la maestría de los expertos chocolateros y de otras delicias locales como los waffles.

Bien conocida por ser la principal sede administrativa de la Unión Europea, Bruselas ofrece al visitante un gran atractivo más allá de su papel como corazón de Europa. Crisol de culturas, Bruselas es la segunda ciudad del mundo tras Dubái en la que más ciudadanos de diferentes países encontramos entre sus residentes y, por tanto, la metrópoli más cosmopolita de Europa, con 182 nacionalidades diferentes. Algo que la convierte en una las capitales europeas con una agenda cultural, de ocio y gastronómica más interesantes. Es precisamente en esta última faceta en la que vamos a centrarnos, para recorrerla haciendo parada en diez lugares de visita imprescindible para disfrutar de su cerveza, su chocolate y de sus dulces más exquisitos.

Vuela a Bruselas

1. ‘Cantillon’, una cervecería centenaria

En un país en el que se producen más de 1.500 tipos diferentes de cerveza no es de extrañar que esta tradición cultural haya sido inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de Unesco. Bruselas ha experimentado en los últimos tiempos un resurgimiento de su tradición cervecera, gracias a la popularidad de las variedades fermentadas artesanalmente. Precisamente, nuestra primera parada es una cervecería centenaria, la ‘Brasserie Cantillon’ (Rue Gheude, 56), en la que el proceso de elaboración apenas ha variado desde el siglo pasado gracias al tesón de la familia propietaria por preservar cuidadosamente todas y cada una de las etapas del proceso de elaboración tradicional. Del mismo modo, el tiempo parece haberse detenido cuando observamos el espacio y las herramientas utilizadas en la fabricación de su cerveza tipo Gueuze, una de las más antiguas del país. Lo que le da un carácter único a esta cerveza estilo Lambic es que se fermenta de forma espontánea a través de la exposición a levaduras silvestres y bacterias propias de la parte de Bruselas en la que se ubica, el valle del Senne. La originalidad también se desplaza a su sabor, de una cierta acidez que recuerda a la sidra.

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2. Westvleteren 12, la cerveza trapense más deseada

En Bélgica se encuentran seis de los once monasterios trapenses del mundo que realizan cerveza certificada oficialmente como trapense. Cinco de estas cervezas belgas, las valonas Chimay, Orval y Rochefort, y las flamencas Achel y Westmalle, se pueden encontrar con relativa facilidad en los supermercados y tiendas especializadas de Bruselas. La sexta, la también flamenca Westvleteren, únicamente puede adquirirse en la propia abadía de San Sixto, en donde se elaboran las tres variedades de esta cerveza cuya producción anual no sobrepasa los 475.000 litros. Una limitación que no ha impedido que Westvleteren 12 sea una de cervezas más reconocidas del mundo, la segunda en el reciente ranking 2018 de las 50 Mejores cervezas del mundo de The Daily Meal. Para los que no pueden desplazarse a la abadía situada a unos 150 kilómetros de Bruselas para adquirirla, en la capital belga hay una única cervecería en la que puede disfrutarse la Westvleteren 12, una cerveza de estilo quadrupel de color marrón oscuro y tonos afrutados, de alta graduación. Se trata de un local no exento de encanto llamado ‘Au Bon Vieux Temps’ (Impasse St. Nicholas, 4 – Rue du Marche aux Herbes 12), situado en un callejón muy cerca de la hermosa Grand Place.

3. ‘A la Morte Subite!’

Otro local centenario, regentado por la cuarta generación de una familia que ha continuado el negocio iniciado por Theophile Vossen en 1910 cuando abrió su primer local, ‘La Cour Royale’. Su traslado en 1928 al local actual bajo el nombre ‘A la Morte Subite!’ (Rue Montagne aux Herbes Potagères 7) -expresión con la que se llamaba al perdedor de un juego popular entre sus clientes-, nos permite disfrutar de un espacio lleno de encanto, con sus techos altos, su barra de estaño, las sillas Thonet y múltiples detalles decorativos originales. Pero, sobre todo, nos gusta por su amplia carta en la que encontramos su propia cerveza Mort Subite, tanto en botella, de las variedades Gueuze o de frambuesa, como de grifo, entre las que no falta la tipo Lambic, además de numerosas cervezas de abadía, como Grimbergen o Duvel, trapistas, como Chimay, Westmalle u Orval, y diversas marcas de importación.

4. ‘Moeder Lambic’

‘Moeder Lambic’, con dos locales en Bruselas, es un referente para los cerveceros más exigentes, por la gran variedad de cervezas de las que dispone. Una carta siempre actualizada para acoger, desde las más alternativas y originales a las últimas cervezas locales. El establecimiento más antiguo, situado frente del magnífico edificio del ayuntamiento de Saint Gilles, abrió sus puertas en 1980 (Rue de Savoie, 68) y, ya a cargo de sus actuales propietarios, encontramos una segunda ubicación en el centro de Bruselas (Place Fontainas, 8). Su ingente menú de cervezas, en el que encontramos varias belgas tipo Gueuze y Lambic, hasta sumar más de 300 variedades, es la mejor forma de descubrir nuevas marcas dejándose aconsejar por sus siempre serviciales camareros. Recomendable acompañar la elección con algunas de sus opciones de picoteo, en forma de tablas de quesos -deliciosos- y de embutidos.

5. ‘Au Vieux Spytigen Duivel’

Solo por su originalidad y lo animado de su ambiente merece la pena ir hasta el barrio de Uccle para visitar ‘Au Vieux Spytigen Duivel’ (Chaussée d’Alsemberg, 621). No solo es una las brasseries con más solera de Bruselas -sus orígenes se remontan al siglo XVI-, sino que aún conserva el encanto de las antiguas casas de comida, con camareros cercanos y atentos y una cocina casera en donde encontrar una gran variedad de especialidades belgas, como las tostas de champiñones, las croquetas de queso o gambas grises, o las berenjenas gratinadas, y todo ello, a precios razonables. Para acompañar sus propuestas culinarias, sus fieles parroquianos se dejan seducir sin resistencia por su gran carta de cervezas, en la que las marcas trapenses, las de abadía, las locales tipo Gheuze, o las de importación forman un tándem perfecto para disfrutar en un ambiente siempre entretenido a cualquier hora del día.

6. Neuhaus, el inventor del praliné

El visionario nieto del fundador de la conocida marca de chocolates belga, Jean Neuhaus II, cambió para siempre la forma en la que se disfrutaba hasta 1912 del delicioso chocolate. A él debemos la invención del praliné, esa especie de cáscara dura que permitió que el chocolate pudiera rellenarse de una gran variedad de cremas o, incluso, de más chocolate. Su descubrimiento hizo de sus artículos un producto único, porque nadie en ese momento podía ofrecer un chocolate con tanta complejidad de sabores y texturas. Desde entonces, la casa Neuhaus ha continuado siendo un referente del buen hacer y de la actualización siempre constante de sus productos, con colecciones específicas para cada ocasión y época del año. Pasar por el escaparate de su elegante local original, abierto en 1857 en la Galería de la Reina 25, es la mejor forma de comprender como la tradición y la modernidad pueden ir de la mano de forma armoniosa.

7. ‘Mary’, el arte del chocolate

La primera tienda de la apasionada del chocolate, Mary Delluc, abrió sus puertas en Bruselas en la Rue Royale, 73, en el año 1919, muy cerca del Palacio Real. Pronto, el precioso salón de té de estilo art déco se convirtió en un referente para los paladares más exquisitos, que no podían abstraerse a su atractivo escaparate, algo que por cierto, sigue pasando hoy en día. La excelencia y calidad de los productos de Mary la han convertido en proveedora oficial de la Casa Real belga y en un referente en el mundo del praliné artesanal, que presentan con delicados rellenos de caramelo, crema o mazapán, además de otros deliciosos rellenos. Igualmente exquisitas son sus trufas laminadas a mano, todo un campo a descubrir para apreciar sus texturas, sabores y esencias.

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8. Pierre Marcolini

El maestro pastelero belga de origen italiano, Pierre Marcolini, se ha convertido en el mejor embajador de la arraigada cultura chocolatera de su país, nacida como consecuencia de un pasado colonial que le permitió acceder a las plantaciones de cacao de Africa y, en consecuencia, a traer antes que nadie los apreciados granos a Europa. Marcolini ha logrado una proyección internacional que ha puesto en valor la importancia de controlar de principio a fin el proceso de elaboración, así como la de utilizar productos de primera calidad. En este sentido, Marcolini ha mostrado ser sumamente meticuloso en conocer todo lo relacionado con la fabricación de sus productos, desde la misma plantación en la que se obtiene el cacao que va a utilizar. Eso, y la originalidad con la que presentó sus chocolates en un momento en el que nadie ofrecía diminutos pralinés con esencias de las más remotas especias o de exóticas infusiones, han hecho de la Maison Pierre Marcolini una de las marcas belgas de chocolate con mayor expansión en el mundo, gracias a emplazamientos seleccionados y cuidadas puestas en escena. Su boutique de la Place du Grand Sablon, 39, es una parada imprescindible.

9. Benoit Nihant

La casa de chocolates de Benoit Nihant (Chaussée de Waterloo, 506) es otro buen ejemplo de alguien que ha sabido rentabilizar su pasión y vivir de lo que le gusta. Dejando a un lado su formación de ingeniero, Nihant inició en 2007 su propio taller en un viejo garaje de la casa de sus padres, y comenzó a elaborar de forma artesanal su propia marca de chocolate. El maestro chocolatero se encarga personalmente de la compra directa de los granos de cacao a los productores y el resultado no puede ser más atractivo. Diminutas delicias que se renuevan cada temporada con nuevas creaciones, como las que presenta bajo su colección Haute Couture. Pequeños pralinés en los que a los sabores más clásicos se suman otros más picantes, a base de frutas, té, flores o ganache de chocolate.

10. ‘Maison Dandoy’

Nuestra última parada es toda una institución en Bélgica, abrió sus puertas en 1829, y desde entonces su local de la Rue Charles Buls, 14, es uno de los mejores salones de té de Bruselas para disfrutar de uno de los dulces belgas más reconocidos, los waffles. Pero Maison Dandoy es también un referente en otra especialidad de la repostería belga, los speculoos, las finas galletas crujientes a base de azúcar moreno y especias (canela, nuez moscada, cardamomo, clavo, pimienta blanca y jengibre) con figuras estampadas en una de sus caras. Aunque son típicos de la Navidad, su presencia se deja notar todo el año, aportando su particular sabor a infinidad de productos en Bélgica, desde helados a macarons, sin olvidar el propio chocolate. En Maison Dandoy, la receta de los speculoos se ha ido transmitiendo de generación en generación desde hace más de 180 años y aún siguen utilizando los antiguos moldes de madera para elaborarlos.

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Un artículo de Mari Carmen Voces

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