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6 consejos para desconectar de verdad cuando viajas

¿No puedes viajar sin tu teléfono móvil, tableta y ordenador portátil? ¿Sientes necesidad de compartir cada foto que haces con el resto del mundo? Tienes un problema... Toma nota de estos 6 consejos para desconectar en un viaje.

Es fácil reconocer los mejores viajes. Son esos en los que no importa el tiempo que hayas pasado fuera porque siempre vuelves con la sensación de haber vivido en una especie de universo paralelo durante años. Hayas viajado durante meses o solo un fin de semana, aterrizas en casa con cierta sensación de extrañeza, como alguien que tras media vida en una isla desierta se incorpora a la vida diaria llena de rutinas. Y tras ese sentirse como un náufrago que llega a la ciudad durante un par de horas, llega la energía. Estás fresco, relajado, lleno de ganas. Quizá tu cuerpo esté cansado, pero tu mente está al 120%.

¿Por qué ocurre esto? Muy sencillo: has conseguido desconectar. Antes era fácil. El avión nos cambiaba de contexto y casi rompía todo contacto con nuestro día a día. De viaje, todo era nuevo: los lugares, la gente, las conversaciones. Ahora, aferrados siempre a un smartphone lleno de notificaciones, ese contacto con la rutina ya no se rompe. ¿Cómo desconectar de verdad en un viaje en pleno siglo XXI? En Skyscanner te damos estos consejos:

1. Viaja sin tecnología

No, no se trata de ser radical y dejar el teléfono en casa (pero, si te atreves, es una buenísima idea también), sino de pensar en cuánto de todo eso tecnológico con lo que viajas necesitas. ¿Para qué llevas el portátil? ¿De verdad es necesaria la tableta? Si viajas por placer y no se supone que debas trabajar, no lleves la tentación contigo. Y no solo por eso: aunque no fueses a trabajar, llevar más pantallas más grandes suele significar estar más tiempo conectado a ellas. Evítalas.

 

Viajero haciendo trekking

2. En Europa: sigue como si hubiese roaming

Hasta hace unos meses, desconectar era tan fácil como salir del país. No obstante, ahora que las tarifas de roaming han desaparecido en la UE, ya nada nos obliga a desactivar los datos al cruzar la frontera. Y sí, es práctico para muchas cosas, pero también perdemos un poco de la esencia del viaje. Con Google, Whatsapp y Facebook siempre a mano, salir de nuestra zona de confort deja de ser necesario y el viaje menos memorable.

La solución es sencilla, aunque requiere cierta fuerza de voluntad: olvida que el roaming ya no existe en la UE y sigue desactivando los datos nada más cruzar la frontera. Sabes que para urgencias reales te llamarán, así que no tienes que preocuparte.

Turista con un mapa

3. Busca alternativas a mirar el teléfono

Lo tenemos tan interiorizado que casi ni nos damos cuenta: cuando tenemos que esperar un momento, cuando nos encontramos solos, cuando no sabemos qué hacer, sacamos el móvil y nos perdemos en el mundo de las redes sociales y un eterno scroll en vez de hacerlo en el mundo real que nos rodea o en nuestros propios pensamientos. Hacer esto cuando estamos de viaje da un poco de pena: ¿no sería mejor mirar por la ventana del tren o simplemente observar a la gente que pasa?

La idea aquí es intentar ser conscientes de esos momentos en los que nos ponemos a mirar el móvil por inercia y dejar de hacerlo. El truco es buscar algún sustituto: cada vez que vaya a sacar el móvil, voy a mirar a mi alrededor y buscar algo que deja claro que estoy en el extranjero; cada vez que vaya a sacar el móvil, sacaré en su lugar un cuaderno en el que escribir un diario de viaje. O, lo más difícil pero también lo más agradecido: cada vez que vaya a sacar el móvil, me levantaré e intentaré iniciar una conversación con alguien local. ¡Hay muchas alternativas!

Viajero contemplando un paisaje

4. Borra el mail del trabajo

¿Cómo desconectar si seguimos recibiendo y leyendo correos de trabajo? La solución es algo drástica, pero muy efectiva: borra la cuenta de correo de trabajo del móvil. Si lo has organizado todo bien, has dicho que no vas a estar y has dejado programada una respuesta automática, no habrá problema. Y, aunque pueda parecer imposible, conseguirás olvidarte del trabajo el tiempo que estés fuera.

Sería también conveniente, especialmente si lo de desactivar los datos no te atrae, desactivar por lo menos las notificaciones. A estas alturas sabemos ya que nunca son importantes (¡un nuevo like en Instagram! ¡un nuevo tuit de alguien!), por lo que mejor no tenerlas reclamando continuamente nuestra atención.

Correos en el smartphone

5. Planea rincones sin cobertura

Si no te fías de ti mismo, si crees que tu fuerza de voluntad no aguantará pasar sin compartir una story sobre el café que has desayunado en Budapest (y luego, claro, ir comprobando cuánta gente la ha visto), fuérzate a desconectar yendo a lugares en los que directamente no hay cobertura. Planea rutas por catacumbas o algo de espeleología, trepa montañas remotas y lejanas, busca en TripAdvisor quejas por la mala cobertura de un lugar y vete ahí. Lo mejor es que tras un par de días desconectado cuando vuelvas a la cobertura ya no sentirás tanta urgencia para mirar el smartphone.

Paisaje

6. Desconectar para conectar

¿Por qué se insiste tanto en la desconexión? Al estar todo el día pendientes del móvil, nos trasladamos del aquí y el ahora a otro lugar. Y ¿qué sentido tiene viajar si no estamos donde tenemos que estar, si en vez de fijarnos en ese nuevo entorno nos importa solo lo que pasa en ese otro universo digital que ya habitamos en el día a día? No es necesario puntualizar, pero hagámoslo: hablamos de una desconexión digital para conectar con el mundo que nos rodea.

Se trata de volver a preguntar a la gente en vez de a Google, de pedir consejo a esas personas que viven ahí, de comunicarse a pesar de las barreras lingüísticas, de absorber con los cinco sentidos. De hacer fotos en nuestro cerebro mucho más complejas y duraderas que las que hacemos con el móvil y, previa publicación en redes, olvidamos. Esta desconexión digital nos regala la reconexión con el mundo y viajes de esos que recordamos de forma muy vívida con solo cerrar los ojos un momento.

Un selfie peligroso

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Un artículo de Ana Bulnes para Skyscanner.