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Viaje a Malapascua, la isla más bonita de Filipinas

Con más de siete mil islas, Filipinas es un mundo por explorar en si mismo: lleno de mares, océanos y playas. Un lugar para perderte sin dejar rastro y descubrir las mil y una caras, siempre sonrientes, de este país lleno de gente encantadora, incapaces de tomarse nada en serio. Su alegría te acabará contagiando. Si la vida se pudiera resumir en unas pocas cosas maravillosas, Filipinas sería una de ellas.

Una de las ventajas de ocupar una zona tropical rodeada por agua por tantas partes es tener una vida marina envidiable y por lo tanto muchas zonas y santuarios marinos donde poder disfrutarla. De esta manera acabas en pequeñas, minúsculas islas perdidas en mitad de la nada, oasis en un mar flanqueado por murallas de arrecifes de coral. La diminuta Malapascua es una de ellas.

Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara

Qué ver en Malapascua, Filipinas

La mayoría de los visitantes la alcanzan después de unas cuantas conexiones de aviones, autobuses y barcos, para encontrarse en un pequeño paraíso por el que no circulan coches y con una comunidad local tan acogedora que los centenares de turistas que la visitan cada año se acaban quedado más tiempo del que planeaban. Llegaron para descubrir sus fondos marinos y se quedaron por la equilibrada dosis de vida local, tranquilidad, alegría y hospitalidad.

Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara

La magia de Malapascua

Una comunidad humilde, que vive mayoritariamente de la pesca y del turismo, en pequeñas casas, colocadas sin orden ni control a lo largo de la isla, creando un urbanismo laberíntico, lleno de rincones para descubrir. Si lo tuyo no es pasarte el día en la playa al sol, tienes mucha vida local que descubrir. El Barrio, la zona principal y más habitada de Malapascua, es el centro de actividades y eventos, también del ingenio, como convertir las canchas de baloncesto en discotecas al aire libre.

Pasear por allí te llevará a perderte por callejones y sumergirte en olores de cocinas, hogueras de barbacoas y cazuelitas caseras para poner su historia culinaria al servicio de los hambrientos paladares entre una banda sonora de gallos. Merece la pena olvidar por un rato los buenos puestos junto a la playa al eco del arrullo de las olas para rebuscar los puestos más perdidos y deleitarte con sus curris, cerdo en adobo, ceviches y verduras.

Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara

Playas de Malapascua, Filipinas

El mar es siempre una opción y aunque muchos de los visitantes no se alejan de la “avenida” marina principal, perderse bordeando los inexistentes caminos de la isla te lleva a encontrarte con playas vacías, casi abandonadas. Malapascua no será muy grande, pero si lo que quieres es tu reducto de paz, lo puedes encontrar.

Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara
Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara
Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara

Buceo en Malapascua

Y sí, tal y como precedía su fama, no puedes irte sin rebuscar bajo sus aguas. Con casi una veintena de zonas de buceo puedes pasar unos días en remojo respirando burbujas. Es uno de los pocos lugares del mundo donde es casi seguro que puedes ver esa preciosa y fascinante criatura que es el tiburón zorro, así que no deberías desperdiciar esa oportunidad.

Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara
Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara

Si no prepárate para encontrarte con otras emocionantes sorpresas como distinguir el exquisito mimetismo del pez rana o la belleza suprema del pez mandarín, fascinarte con el suave nadar de los tiburones de arrecife o dejarte sorprender con los centenares de colores de los nudibranquios. También, bucees o no, puedes acercarte a conocer la deshabitada pero mágica isla de Kalanggaman (o como poner imagen a lo que el paraíso debería de ser) con su sinuosa lengua de arena adentrándose en el azul.

Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara

Por último, pase lo que pase, cada día hazte con un buen puesto en la playa y disfruta junto a una cerveza o un batido de mango de la caída del sol y el atardecer. Si no lo haces, es probable que te arrepientas, hay bellezas que no se pueden explicar con palabras.

Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara
Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara
Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara
Créditos fotografías © Ignacio Izquierdo / Crónicas de una cámara
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Este artículo es obra de Ignacio Izquierdo, fotógrafo y bloguero en Crónicas de una Cámara

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