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Ruta de 5 días por la Costa Daurada

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Desde Cunit, en el norte de la provincia de Tarragona, hasta la población de l’Hospitalet de l’Infant, la Costa Daurada se extiende por un litoral de algo más de 80 km, ofreciendo decenas de playas que parecen haber sido creadas por las mentes soñadoras de los mejores pintores paisajistas del mundo. Aquí, las antiguas aguas de ese mar Mediterráneo que ha sido testigo de la Historia del mundo, bañan pueblos pesqueros y ciudades que te transportan a los tiempos de la Antigua Roma.

Al alejarte de la costa, la brisa marina te acompaña en tu camino hacia suaves montañas, en cuyas laderas se entremezclan villas amuralladas, viñedos milenarios y monasterios que encierran misterios y guardan la memoria de estas tierras.

Historia, Patrimonio de la Humanidad, cultura, naturaleza, gastronomía y ocio son los ingredientes de un viaje por la Costa Daurada que hará las delicias de toda la familia.

Hemos preparado una ruta de cinco días por la Costa Daurada para que tengas un recuerdo inolvidable:

Día 1

El recorrido arranca, como no podía ser de otra manera, con una primera toma de contacto con las playas de arenas finas y aguas cristalinas que caracterizan a la Costa Daurada. La localidad de Hospitalet de l’Infant, ubicada en la parte sur de la ruta, debe su nombre al hospital que, en el siglo XIV, mandó construir el infante Pedro, vástago de Jaime II y Blanca d’Anjou.

A escasa distancia del centro de la ciudad, se halla la playa del Arenal que, con 2 kilómetros de extensión, es la más grande de la localidad. Cuenta con una guardería donde los niños podrán jugar mientras los adultos se sumergen en unas aguas que deben su transparencia a las vastas praderas de posidonia que pueblan el fondo submarino.

Hospitalet de l’Infant, cova del LLop

Tampoco hay que perderse la mágica cueva del Llop Marí (Lobo Marino), antiguo refugio de piratas al que se puede llegar en kayak o practicando el pádel surf.

Si te va eso de tomar el sol tal y como viniste al mundo, siempre puedes disfrutar de la playa del Torn. En ella, las dunas cubiertas de vegetación representan la fusión de mar y montaña.

Por la tarde, llega el momento de coger el coche y recorrer la comarca del Priorat. ¿Sabías que aquí se elaboran vinos desde hace casi un milenio? Está claro que con tanta práctica el resultado no puede ser otro que unos caldos excelsos.

Hileras de viñedos componen un paisaje que parece uniforme desde la lejanía. La cercanía la pondrán los trabajadores de la cooperativa Falset, que te contarán la historia vitivinícola del Priorat en unas divertidas visitas teatralizadas aptas para toda la familia.

Cata de Vinos en el Celler de Escala Dei / Créditos fotografía: © PTDT_José Carlos León

Día 2

Tras pasar una magnífica noche disfrutando de las estrellas en algún hotel rural del Priorat, es el momento de regresar a la costa para afrontar un día lleno de aventuras y emociones.

En Cambrils, la pesca del día se despacha en su histórica lonja. El género es de la mejor calidad y, si consigues cuadrar los horarios, lo mejor que puedes hacer es comer en alguno de los magníficos restaurantes de su paseo marítimo. Este paseo tiene unos 9 km de largo y es perfecto para recorrerlo en bicicleta. Montado en ella puedes llegar al Parc Samà, situado a unos 7 km del centro de Cambrils. Allí encontrarás un precioso jardín botánico, acompañado de un palacete, un bosque y un estanque.

Parc Samà. / Créditos fotografía: © PTDT_José Carlos León

Siguiendo el litoral en dirección norte, en Salou te esperan extensas playas y un club náutico que resulta perfecto para iniciarse en el mundo de la vela. En él imparten clases para todos los niveles y edades, pero además ofrecen actividades tan divertidas y curiosas como el poder pasar un día completo faenando en un barco pesquero.

Club Náutico Salou / Créditos fotografía © David Escribano

Tras haberte transformado en un lobo de mar, la siguiente parada del día es la playa de La Pineda, una de las más extensas de la Costa Daurada. Muy cerca de la ciudad, se encuentra Aquópolis, un parque de agua con temática hawaiana en la que los adultos casi disfrutan más que los niños.

Si aún te quedan fuerzas para salir un rato a bailar por la noche, quizás te animes a regresar a Salou, donde bares y discotecas mantienen la fiesta hasta el despuntar del nuevo día.

Día 3

Puede ser que el día anterior disfrutaras como un niño en los toboganes de Aquópolis, pero las atracciones de PortAventura World convierten a este parque en uno de los lugares más divertidos que visitar en la Costa Daurada… Y en Europa. Más de 4,5 millones de habitantes al año avalan este hecho.

Siente la velocidad en Ferrari Land, el mítico Dragon Khan o Shambala. En total, más de 40 atracciones de todo tipo repartidas por seis áreas temáticas: Mediterrània, Polynesia, China, México, Far West y SésamoAventura, área infantil ambientada en el entrañable mundo de Barrio Sésamo.

Una vez te hayas recuperado de la tremenda descarga de adrenalina, es momento de poner rumbo a Tarragona, la joya cultural que ver en la Costa Daurada y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Paseando por las calles de Tarragona tienes la sensación de haber entrado en una máquina del tiempo para aparecer en la época del Imperio Romano. Trasladado a la antigua Tarraco, te parecerá escuchar el ruido metálico de las espadas de los gladiadores que se baten a muerte en el anfiteatro tarraconense. En las gradas, 15.000 almas gritan enfervorecidas.

Anfiteatro de Tarragona

No lejos de allí, el circo romano presenta su mejor entrada y unos 30.000 espectadores animan a las cuádrigas por las que han apostado. Emocionantes carreras que tienen lugar sobre una arena calentada por el sol, al igual que ocurre con la de la playa del Miracle, situada justa bajo el famoso Balcón del Mediterráneo (Balcó del Mediterrani) que se eleva unos 40 metros sobre el mar para ofrecerte una de las mejores panorámicas que ver en la Costa Daurada. A unos 6 km de la ciudad, la Torre de los Escipiones sigue guardando la vieja Vía Augusta que, con sus 1.500 km de trazado entre los Pirineos y Cádiz, era la calzada más importante de la Hispania romana.

Al caer la noche, y regresando al presente, las terrazas de la plaza de la Font se llenan de vida y las conversaciones se entremezclan en las cálidas noches en las que disfrutar de un vermut y una buena cena con productos de la tierra te hace olvidar tu antigua vida de gladiador.

Día 4

Tras madrugar en Tarragona y preparar un sano y sabroso desayuno con las magníficas frutas y verduras que los agricultores del campo de Tarragona traen al mercado de la plaza del Fòrum cada sábado por la mañana, es el momento de tomarse un día relajado en el que disfrutar de algunas de las mejores playas de la Costa Daurada y del modernismo de Reus.

Tarragona, Mercat del Fòrum / Créditos fotografía: © PTDT_José Carlos León

Para entender este movimiento arquitectónico, lo mejor es comenzar por el Gaudí Centre, situado en la Plaza Mercadal de Reus. Desde allí, puedes comenzar una ruta modernista que te llevará a descubrir las fachadas de casi una treintena de edificios que honran a este movimiento artístico.

Además, en los bajos de estas casas encontrarás multitud de tiendas y negocios que dotan a Reus de una actividad vibrante.

Pavelló dels Distingits del Hospital Pere Mata, Reus / Créditos fotografía: © PTDT_José Carlos León

 Regresando hacia la costa, llegarás a Altafulla. Su casco histórico parece anclado en el siglo XVIII y a él se asoman antiguas casas señoriales de fachadas barrocas y renacentistas, custodiadas por un castillo del siglo XI.

Tras una vuelta por el pueblo, parte a disfrutar del sol y la naturaleza en la cercana playa de Els Muntanyans, un paraíso protegido de 2 km de largo, ubicado en Torredembarra y en el que las aves se mueven en libertad entre el mar y la flora esparcida sobre las dunas.

Para seguir disfrutando de arena, sol y mar, algo más al norte espera la fachada marítima de Calafell, formada por tres playas que se extienden a lo largo de 5 km de litoral: Calafell, Segur de Calafell y Estany-Mas. Además, la del Biberón es una de las mejores playas de la Costa Daurada para los más pequeños de la casa, pues sus aguas parecen inmóviles y la pendiente de entrada al mar es prácticamente imperceptible.

Tras regresar al paseo marítimo de Calafell para comer un “arrossejat – arroz maridado con pescado recién capturado – que quita el sentido, puedes bajar la comida paseando por la Ciutadella Ibèrica, el poblado con vistas al mar en el que vivieron los íberos (habitantes de la Costa Daurada entre los siglos VI y I a. C.) .

Calafell, Ciutadella Ibérica / Créditos fotografía: © PTDT_José Carlos León

El atardecer te sorprenderá en El Vendrell, ciudad cercana a Calafell y en la que el gran músico Pau Casals construyó su vivienda frente al mar. Sus melodías se inspiraban en las aguas del Mediterráneo que contemplaba cada día.

Día 5

El último día es momento de dejar las playas y partir hacia el interior para explorar una de las partes más bellas que visitar en la Costa Daurada.

La Ruta del Cister – englobada en las comarcas de Alt Camp, Conca de Barberà y Urgell (que pertenece a la provincia de Lleida) – posee joyas patrimoniales en forma de monasterios cistercienses, pero también parajes naturales ideales para practicar el senderismo y pueblos y ciudades de tradiciones culturales arraigadas.

El monasterio de Santes Creus fue fundado hace casi nueve siglos, su claustro fue el primero de estilo gótico en la corona de Aragón y, durante siglos, fue habitado por los monjes cistercienses. En el templo reposan los restos de algunos monarcas de la Corona de Aragón. Si tienes más tiempo y quieres seguir explorando la Ruta del Cister acércate también al monasterio de Poblet, que es Patrimonio de la Humanidad

Monasterio de Santes Creus, en Santes Creus. / Créditos fotografía: © PTDT_José Carlos León

No lejos del monasterio, la bodega modernista de Nulles, Adernats, es una interesante visita, pero más aún lo es Valls, la ciudad donde nacieron los famosos ‘castells. No te pierdas una exhibición de los míticos ‘castellers’ bajo la brillante luz veraniega, y aprende todo sobre esta tradición genuina que ha sido declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Por último, acércate a Montblanc, cuyas murallas encierran un perfecto ejemplo de villa medieval.

Rojals, pedanía de Montblanc, Balma de Mas d’en Llort Pinturas rupestres del neolítico y paleolítico en abrigo en las Montañas de Prades. / Créditos fotografía: © PTDT_José Carlos León

A su alrededor un paisaje montañoso esconde pinturas rupestres – como las de Rojals, pedanía de Montblanc -, castillos medievales – como el de Escornalbou, en Riudecanyes –, terrazas de cultivos y mágicos bosques por los que perderse.

Y es que la Costa Daurada es magia pura. Déjate hechizar.

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