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Tenerife es mucho más que playas: la otra cara de la isla

La mayoría de los visitantes a la isla de Tenerife, ya sean extranjeros o nacionales, viajan a ella esperando gozar de sus playas y de unas vacaciones en las que harán poco más que estar tumbados bajo el sempiterno sol canario y disfrutar de buena gastronomía y relajación. Sin embargo, aunque es cierto que esas cosas forman parte de la lista de encantos de Tenerife, lo cierto es que, en esta isla volcánica de más de 2.000 kilómetros cuadrados, hay mucho más para el viajero.

Si eres una de esas personas inquietas que quieren sacar el máximo partido a cada uno de sus viajes, no te pierdas todas las actividades que puedes realizar en la isla de Tenerife.

1. Parapente junto al Teide

Casi en el centro exacto de la isla, se levanta un gigante que puede presumir de ser el pico más alto de España. El Teide, con sus 3.718 msnm, proyecta su sombra alargada casi hasta el profundo océano. La visión del pico desde cualquier punto de la isla de Tenerife es realmente sobrecogedora, pero existe una manera de disfrutarlo que deja atrás a todas las demás: volando como un pájaro.

El parapente es una disciplina que inventaron, en el siglo XX, unos locos montañeros que querían descender volando de las cimas que conquistaban. Para ello usaban un ala de unos 30 metros cuadrados y 5 kilos de peso (de media) y corrían hacia el vacío, para volar utilizando las corrientes y jugando con las capas de aire de distintas temperaturas.

En la isla de Tenerife puedes practicar este precioso deporte de aventura en un lugar de belleza inigualable. La pista de despegue de parapente con mayor desnivel de Europa se halla en el Puerto de Izaña, junto al Teide. Se trata de un vuelo en el que se desciende – acompañado de un monitor al saltar en estilo tándem – desde una altura de 2.200 msnm. Cuando estás en el aire – y si has saltado hacia la costa este de la isla –, bajo tus pies se extiende el bosque de pinos del valle de Güímar, que más tarde será sustituido por plantaciones de plataneras, mangos y patatas. A tu derecha, te sorprenderán el cráter del volcán Cho Marcial y el observatorio atmosférico de Izaña, mientras que el valle de La Orotava queda a tu espalda.

Sin embargo, mientras sientes el aire acariciar tu rostro y te haces una idea de lo que deben experimentar los pájaros en sus vuelos, la visión que más te impactará es la del Teide. La montaña emerge a tu izquierda como el gigante legendario que es. Verás cómo la vegetación trepa hasta donde ya no llega bien el oxígeno y las plantas se ven obligadas a cejar en su intento de alcanzar la cima. Una estampa reservada tan solo a unos pocos. De esas que quedan para siempre grabadas en la memoria.

2. Paseo en helicóptero

Si eso de volar como un pájaro, atado a la espalda de alguien, no es algo que te acabe de llamar la atención, debes saber que en Tenerife hay varias compañías que se dedican a ofrecer vuelos en helicóptero. Si no lo has probado nunca, te aseguramos que es una experiencia genial y ofrece unas vistas inmejorables de la isla.

Aunque es cierto que está prohibido sobrevolar los dominios del Parque Nacional del Teide, la gran montaña se observa desde los cielos, como nunca antes la habías visto. Campos de cultivo, bosques, la accidentada costa, ciudades, pueblos, blancas aldeas, y el Atlántico en su plenitud son los otros protagonistas de una estampa perfecta.

3. Kayak y barranquismo en el acantilado de Los Gigantes

Hace siglos, cuando los castellanos aún no habían llegado a las Islas Canarias y los guanches moraban tranquilamente en Tenerife, un inmenso muro de roca basáltica era reverenciado casi como un dios. Los guanches pensaban que ese muro, que se hallaba en el extremo oeste de la isla, marcaba el fin del mundo. Más tarde, cuando estaban al borde del exterminio a manos de los castellanos, las cuevas del acantilado de Los Gigantes les servirían de último escondite.

Hoy en día, la pared de roca de Los Gigantes se extiende desde el puerto de Los Gigantes hasta la Punta de Teno. Y la mejor manera de explorar este coloso, que se levanta hasta 600 metros sobre el mar en su punto más alto, es a bordo de una canoa.

En el puerto de Los Gigantes podrás alquilar un kayak y ponerte “palas a la obra” para llegar a la base de los acantilados. Además, te aconsejamos que te lleves unas gafas de bucear, pues las aguas de esta parte de la isla están llenas de vida, pudiendo ver delfines, tortugas y ballenas piloto, entre otras especies.

En menos de media hora llegarás a ver el coloso rocoso desde muy cerca. Si quieres desembarcar junto a él, puedes usar la playa de piedras que conecta con la parte más profunda del barranco de Masca. Este es uno de los lugares preferidos para aquellos que quieren realizar una actividad de barranquismo en Tenerife. Así que quizás puedas tener un tres – buceo, kayak y barranquismo – por uno.

4. Senderismo en el Parque Rural del Macizo de Anaga

En la punta noreste de la isla de Tenerife existe un paraje que pasa desapercibido por la gran mayoría de visitantes: el Macizo de Anaga.

Allí, el territorio protegido por la figura del Parque Rural de Anaga se extiende por los municipios de Santa Cruz de Tenerife, Tegueste y La Laguna, formando una sucesión de bellas montañas cubiertas por un bosque que parece de otro tiempo y lugar. Y es que la laurisilva – así se llama al tipo de ecosistema que puebla parte del parque – es una clase de bosque que solo existe en zonas húmedas con temperatura media elevada, siendo habitual en la parte continental de América Latina, pero habiendo desaparecido de la Europa continental hace miles de años. Hoy en día, este bosque de la Era Terciaria solo sobrevive en Europa en las islas que forman la Macaronesia (Canarias, Madeira, Azore, Cabo Verde e Islas Salvajes).

Una estupenda red de senderos sirve para explorar el parque en profundidad. Los hay para todos los gustos, algunos llevando un par de horas y otros todo el día. Caminando entre un verdor absoluto y omnipresente, llegarás a descubrir lugares tan bellos como el mirador de Aguaide, desde el cual puedes admirar cómo las verdes montañas se convierten en dramáticos acantilados que acaban hundiéndose en el mar y encerrando a calas totalmente vírgenes.

Además, en esta remota parte de la isla aún habitan unas 3.000 personas que viven de la ganadería y la agricultura. Por ello verás pastos aquí y allá, y algunas antiguas ventas en las que gentes sencillas, que han decidido vivir apartados de la vorágine social actual, aún venden sus quesos, miel y vinos caseros. Tanto cultural como paisajísticamente, es como haber viajado en una máquina del tiempo… A un lugar mejor.

5. Surf en la playa de Martiánez

En varias de las playas que forman el litoral de Tenerife se puede practicar el surf. Una buena playa para iniciarse en el arte de cabalgar las olas es la de Martiánez, en la población tinerfeña de Puerto de la Cruz.

Con una longitud de 350 metros y una anchura de unos 40 metros, Martiánez es una playa volcánica de arena negra y callaos, en la que las olas rompen con cierta intensidad. Aunque la playa es apta también para darse un baño tranquilo, lo cierto es que durante buena parte del año está tomada por surfistas en busca de emociones. Una buena forma de liberar adrenalina en Tenerife.

6. Escalada en el barranco de Arico

Aunque si se trata de liberar adrenalina, deberías probar a practicar la escalada en el barranco de Arico.

Arico se encuentra justo en la base de la falda este del Parque Nacional del Teide. Las formaciones rocosas que allí se encuentran sirven de lugar de prácticas para aquellos que quieren mejorar sus técnicas de escalada, pues tienen una dificultad media de 7 sobre 10 en la escala internacional. Los hay también que prefieren practicar el descenso en rápel.

Sin embargo, si esto es demasiado para ti, siempre puedes realizar la caminata de 5 km que recorre campos de cultivo, primero, para conectar, después, con un sendero que desciende suavemente hacia el barranco. A partir de aquí se afronta una ligera ascensión a través de un terreno flanqueado por sauces y pinos canarios, hasta llegar a una bifurcación cuyo ramal izquierdo te conduce a una bonita cascada. Fin de trayecto.

7. El Teide y las estrellas

Ascender el pico más alto de España siempre tiene recompensa, pero si lo haces en una noche clara, esta es aún mayor.

Teniendo en cuenta que te vas a encontrar a unos 3.700 metros sobre el mar, está claro que la contaminación lumínica va a ser prácticamente inexistente, pudiendo disfrutar de una visibilidad de los cielos casi perfecta. De hecho, en 2014, el cielo del Parque Nacional del Teide fue designado como “Destino Starlight”, título que certifica que en el parque la observación de las estrellas cumple con los requisitos y procedimientos establecidos para la protección del cielo y sus valores naturales y culturales asociados.

A lo largo del año se organizan distintas excursiones en las faldas del Teide, buscando puntos de observación. Aquí se pueden admirar 83 de las 88 constelaciones que existen en el cielo. Todas las del hemisferio norte y la gran mayoría de las del sur.

El momento álgido para realizar esta actividad es durante una lluvia de estrellas. Aunque las más famosas son las Perseidas (agosto) y las Cuadrántidas (enero), existe una lluvia de estrellas casi cada mes. Sin duda, se trata de otra forma increíble de disfrutar del Teide.

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