Te proponemos cinco destinos cálidos en enero a poco más de dos horas de avión… ¡y a 22 grados de temperatura!
1. Gran Canaria, España
No exageran demasiado quienes definen a Gran Canaria como un continente en miniatura. En su pequeño círculo de menos de 1.600 kilómetros cuadrados se pasa sin brusquedad de las cálidas arenas de sus playas del sur a las blancas cimas del Pico de las Nieves, a 1.950 metros de altura. En el camino salen al encuentro majestuosas calderas volcánicas, vertiginosos barrancos y acantilados, suaves valles cubiertos de vegetación y pequeños pueblos pintorescos. Un paisaje sorprendente que tiene como protagonista un sol tropical que brilla durante todo el año. Uno de los destinos cálidos en enero que nunca falla.
2. Marrakech, Marruecos
Aunque no es la capital, es sin duda la ciudad más vital de Marruecos. Conocida como la Ciudad Roja, no tiene grandes monumentos, con excepción de la Mezquita Koutoubia, con su torre hermana de la Giralda, y la Medersa ben Youssef, la mayor y más importante “madraza” de todo Marruecos, en la que llegaron a estudiar hasta 900 estudiantes. Pero el alma de Marrakech está en la Plaza de Jamaa el Fna, que es, según las horas, zoco y mercado, gigantesco restaurante o espacio de las maravillas donde hay prestidigitadores, magos, comefuegos, equilibristas… Es fácil encontrar de todo en otro de los destinos cálidos en invierno que te recomendamos.
3. Madeira, Portugal
Esta isla portuguesa en el Atlántico no solo ofrece un clima agradable durante todo el año y una flora y fauna variada, además es uno de los destinos cálidos en enero más tranquilos y seguros del mundo. Vale la pena descubrir los monumentos, plazas y rincones en la capital, Funchal y hacer un pequeño recorrido por la isla, pasando por jardines encantadores, pueblos y aldeas pintorescos, paisajes asombrosos, cuevas volcánicas impresionantes, costas escarpadas, preciosas playas naturales y vistas imponentes.
4. Hammamet, Túnez
Aunque Hammamet sea el primero de los destinos cálidos en invierno más turísticos de Túnez y uno de los que están más de moda entre los viajeros europeos, el concepto de masificación no tiene nade que ver con lo que estamos acostumbrados en muchos otros lugares del Mediterráneo. Este lugar, a media hora de la capital tunecina, se considera a la vanguardia de la conservación y protección del medio ambiente, con normas urbanísticas, por ejemplo, que exigen que ningún edificio hotelero tenga más altura que los cipreses o palmeras de la zona. Pero Hammamet es más que mar, cielo, sol, palmeras y naranjos, también vale la pena visitar su antiguo barrio musulmán donde se encuentra la pequeña medina, su mercado, el fuerte español y la Gran Mezquita.
5. Malta
Como los buenos perfumes, Malta ofrece su esencia en frasco pequeño. Eso es una ventaja porque permite recorrer la isla, incluso el archipiélago, en poco tiempo, ideal para una escapada a otros de los destinos cálidos en invierno. Codiciada desde la antigüedad, Malta conserva las huellas de su defensa encarnizada frente a los turcos, las murallas que los Caballeros de la Orden de San Juan construyeron en La Valetta, y los legendarios albergues donde residían esos mismos Caballeros y con los que competían en lujo y arte. Pero, sobre todo, hay que recorrer sus callejuelas al atardecer, aislados del bullicio local y evitando la hora punta turística. Entonces, se respira el auténtico peso histórico de esta ciudad emblemática, con fachadas de añeja caliza y las balconadas curtidas por el paso de los siglos y los acontecimientos.
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