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Las ciudades coloniales más bellas de Latinoamérica

En 1492, Cristóbal Colón puso rumbo al oeste con sus 3 carabelas para descubrir, al menos oficialmente, el continente americano. Fue así como la España de los Reyes Católicos expandió sus dominios hasta crear uno de los imperios más poderosos de la Historia. Más de 500 años después, el legado colonial español y portugués queda reflejado en algunas de las ciudades más bellas de América Latina.

Si bien el COVID-19 ha obstaculizado muchos de vuestros planes, esperamos que nuestro contenido pueda seguir brindándote inspiración para tus futuros viajes, por lo que, cuando esto pase, estarás listo para regresar al mundo.

Al caminar por las calles de esas urbes, disfrutarás de un aroma colonial que se mezcla con la modernidad del siglo XXI, tiñéndolo todo de un romanticismo alimentado por batallas, injusticias, amores y pasiones de otra época en el que el mundo era más joven y, aunque no necesariamente mejor, sí más humano y menos dirigido por la tecnología.

Siéntete como un viajero en el tiempo mientras visitas algunas de las ciudades coloniales más bellas de América Latina.

1. Cartagena de Indias, Colombia

Cartagena de Indias parece una perla que ha sido extraída de las profundidades del mar Caribe y se ha depositado, con máxima gracilidad, entre las densas junglas y níveas playas de la costa norte de Colombia. Allí refleja su exagerada belleza en las aguas de ese mar que ahora se identifica con el descanso en el paraíso perfecto, pero cuyas olas, siglos atrás, llevaban a la costa los rastros de sangre dejados por las cruentas batallas navales.

Cartagena de Indias posee dos zonas muy diferenciadas. Cuando cruzas la puerta de la Torre del Reloj y accedes a la antigua ciudad amurallada, estás comenzando a explorar la que, dicen, es la ciudad colonial más bella de toda América. Fuera de esas murallas, existe la otra Cartagena. Una urbe actual en la que se mezclan barrios humildes repletos de mercados, bares, casuchas y gente ociosa que baila al son de ritmos caribeños, con un desarrollo urbanístico que ha encontrado su filón en los hoteles de lujo, levantados para explotar el clima y las playas del lugar.

En la parte colonial, una antigua estatua de Pedro de Heredia – fundador de la metrópolis – preside la plaza de los Coches. A partir de ella se desenvuelve una maraña de calles adoquinadas y plazas a las que se asoman iglesias, museos y antiguas casas de fachadas coloridas y balcones de madera profusamente ornamentados con flores de distintos tipos.

Durante el día, el intenso calor debilita el espíritu de los turistas, pero al caer el sol la ciudad amurallada se llena de vida y las terrazas de sus bares y restaurantes son testigos de íntimas conversaciones diluidas en los acordes de la música en directo.

Algunas de las perlas históricas que no te puedes perder en Cartagena de Indias son sus fuertes defensivos – utilizados en la heroica defensa que, en 1741, el almirante español Blas de Lezo dirigió contra el sitio inglés -, la Casa del Marqués del Premio Real, la plaza de la Aduana, la Iglesia y el Convento de San Pedro, y el Museo de Arte Moderno.

Sin embargo, con el simple hecho de pasear por sus calles, sin rumbo alguno, ya habrás amortizado tu viaje.

2. Quito, Ecuador

El centro histórico de Quito tiene el privilegio de haber sido el primer Patrimonio Cultural de la Humanidad declarado por la Unesco, hace ya 42 años. Y cuando paseas por sus calles no te preguntas las razones de semejante honor.

Y es que entre lugares como la calle de La Ronda – una de las más antiguas -, la plaza de San Francisco o la plaza de la Independencia, se esconden nada menos que 4.000 inmuebles que han sido declarados como “patrimonio cultural”, 10 museos, 22 templos y varios conventos. Sin embargo, no dejes que estas cifras te abrumen, pues todas estas maravillas están muy concentradas geográficamente y podrás disfrutar de ellas en un recorrido a pie.

El Convento de San Francisco, las iglesias de la Compañía de Jesús y del Sagrario, y la Basílica del Voto Nacional son algunos de los iconos de Quito.

3. Colonia del Sacramento, Uruguay

Colonia del Sacramento es una pequeña ciudad ubicada en la ribera norte (izquierda) del río de la Plata, casi mirando de frente a la mítica Buenos Aires.

Fundada en el siglo XVII por los portugueses, su casco histórico – un ejemplo de éxito de fusión de arquitectura de estilos español, portugués y poscolonial – fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1995.

Hoy en día, Colonia del Sacramento es una ciudad tranquila y turística, mecida por las pardas aguas del río de la Plata y en la que al pasear por sus calles tienes la impresión de que se ha detenido el tiempo.

Entre sus calles adoquinadas encontrarás la plaza Mayor arbolada, el faro, la Casa del Virrey, reconstruida sobre las ruinas originales, el Museo Portugués, la plaza de toros real de San Carlos y, para los que gustan de visitar iglesias, la Basílica del Santísimo Sacramento y la iglesia Matriz, que data de 1695 y tiene el honor de ser la más antigua de la República Oriental del Uruguay.

Por la noche, hay mucha vida en los restaurantes y pubs de Colonia del Sacramento, no siendo pocos los viajeros que toman aquí el barco que les lleva hasta Buenos Aires surcando las aguas del río de la Plata.

4. Arequipa, Perú

Aunque Cuzco y el mítico Machu Picchu se llevan gran parte de la gloria turística de Perú, lo cierto es que Arequipa es una ciudad monumental y llena de vida. Además, es la base principal para aquellos que quieren disfrutar de uno de los mejores espectáculos naturales salvajes que ofrece Sudamérica: el vuelo de los majestuosos cóndores sobre el cañón del Colca.

Arequipa fue fundada en 1540 y se encuentra en un valle formado a los pies de tres grandes volcanes. Se le conoce como “La Ciudad Blanca” porque blancos son la mayoría de sus edificios monumentales.

La principal protagonista del centro histórico de Arequipa es su plaza de Armas. En ella destaca la gran catedral, con su fachada de blanco impoluto y su rica ornamentación. Sin embargo, el edificio colonial más visitado es el convento de Santa Teresa.

En el centro histórico de Arequipa también hallarás un buen número de iglesias, antiguos palacios y edificios públicos, llegando a contabilizarse un total de casi 250 monumentos que forman parte del Patrimonio de la Humanidad designado por la Unesco.

Si quieres aprender todo sobre la historia de Arequipa, visita el Museo Santuarios Andinos.

5. Antigua, Guatemala

Los españoles bautizaron a Antigua con el nombre de Santiago de los Caballeros de Guatemala. La belleza de la que fuera capital del antiguo reino de Guatemala (que englobaba a los actuales Guatemala, El Salvador, Belice, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) sigue atrayendo a turistas de todo el mundo a día de hoy. No en vano, es el lugar preferido, de todo Centroamérica, por aquellos jóvenes extranjeros que quieren aprender español.

Esa afluencia de “gringos” le da una gran vida y multiculturalidad a esta urbe que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979.

Y es que Antigua enamora a todos los que la visitan. Casas bajas de fachadas coloridas, en las que aún se pueden vislumbrar los grabados de escudos de armas, se esparcen por calles adoquinadas en la que se alternan edificios históricos con bares y restaurantes chic.

La iglesia de San Pedro de Betancur, las ruinas del Convento de Santa Clara, la Plaza Mayor y la parroquia de San José Catedral son algunos de los puntos de interés de un lugar que ha atrapado, durante largos meses, a viajeros que tenían la idea de pasar tan solo unos días. Antigua tiene magia.

6. Trinidad, Cuba

Trinidad fue fundada en 1514 por Diego Velázquez de Cuéllar. Prosperó durante la era colonial y durante algún tiempo fue la ciudad más rica de Cuba.

Para preservar la atmósfera colonial y honrar a los antiguos residentes, entre los cuales se encontraron el conquistador español Hernán Cortés y el naturalista alemán Alexander von Humboldt, Trinidad fue declarada monumento nacional, y en 1988 fue designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, junto con el cercano Valle de los Ingenios.

Hoy en día, posee numerosas y variadas industrias, que incluyen refinerías de azúcar, lecherías, aserraderos y fábricas de puros y cigarrillos.

Trinidad es un laberinto de callejuelas empedradas, museos coloniales y fabulosos restaurantes. Aquí, la música en vivo es una constante. La gente se reúne en las plazas para bailar, tomar algo y pasar un buen rato. Además, cuenta con un puñado de hermosas playas y algunas rutas de senderismo a poca distancia. En otras palabras, Trinidad, es el destino perfecto para los amantes de la historia, la cultura, las playas y la naturaleza.

7. San Miguel de Allende, México

En cada cantina de San Miguel de Allende te espera un contador de historias distinto. Si le prestas atención y nunca le falta un tequila sobre la barra, disfrutarás de una charla enriquecedora, de esas que hacen que los viajes merezcan la pena.

En cuanto a sus encantos arquitectónicos, lugares como la parroquia de San Miguel Arcángel, el parque Benito Juárez y el Museo Histórico Casa de Allende se cuentan ente los principales atractivos de una ciudad que ha sido calificada como la más bonita de México.

No te pierdas su mercado de artesanías. Un lugar ideal para perderte y llevarte algún souvenir típico de esta parte del mundo.

8. Salvador de Bahía, Brasil

Frente a la Bahía de todos los Santos, Salvador de Bahía se eleva como un anfiteatro de dos pisos. En la parte superior se halla el Pelourinho, corazón colonial de una de las ciudades más hermosas y pasionales del norte de Brasil.

Casas amarillas, azules, rojas, rosas, verdes y de otros colores alegres se suceden por las cuestas del Pelourinho. Entre ellas, nada menos que tres centenares de iglesias, no siendo extraño que se le conozca con el sobrenombre de “La Roma Negra”.

Salvador es una urbe vibrante en la que la gente baila, aplaude la puesta de sol en playas como la de Porto de Barra, toma caipirinhas y disfruta de la vida como solo ellos saben hacerlo. Un lugar en el que el Brasil moderno y el colonial se fusionan totalmente.

9. Sucre, Bolivia

Bienvenido a la capital oficial de Bolivia, la máxima expresión colonial de la nación y su corazón histórico.

Sucre exhibe un glorioso conjunto de edificios encalados de la época colonial, espectaculares terrazas alojadas en azoteas y pintorescos jardines en patios que han sido testigos de la historia.

El convento de San Felipe Neri, la plaza 25 de mayo y la Casa de La Libertad son algunos de los lugares a visitar en Sucre.

Sucre es una parada obligada en Bolivia, con su clima agradablemente cálido y el ambiente relajado típico de una ciudad pequeña, que insta a muchos visitantes a quedarse más tiempo del previsto. Si este es el caso, aprovecha para conducir un par de horas y disfrutar del colorido el exotismo del mercado de Tarabuco, donde encontrarás gentes y artesanías bolivianas procedentes de las aldeas y pueblos cercanos a Sucre.

10. Valparaíso, Chile

No es difícil averiguar por qué el gran poeta chileno Pablo Neruda se inspiraba admirando la bahía de Valparaíso desde las ventanas de su casa ‘La Sebastiana’, que se levanta en la ladera del cerro Bellavista.

En Latinoamérica existen pocos lugares tan pintorescos como ‘Valpo’, como llaman cariñosamente los chilenos a Valparaíso. Esas pequeñas casas de colores que parecen estar viviendo en un constante intento de escalar las laderas de los cerros. Los viejos funiculares, el puerto, las plazas, las terrazas al mar, las casas coloniales…  Todo ello crea una atmósfera que se halla a medio camino entre la melancolía y el anacronismo. Quizás Valparaíso podría haber sido la versión chilena del Macondo protagonista del realismo mágico de García Márquez.

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