1. Miyajima o el torii gigante sobre el mar
Los japoneses, amigos de hacer listas desde hace años, tienen este paisaje único e irreal como uno de los tres más bellos del país.
El esfuerzo de acercarse a conocerlo, tomando trenes y ferris, merece la pena. Itsukushima-jinja, el nombre del templo que flota sobre pilotes y que se abre a la bahía de Hiroshima, cuenta con un enorme torii flotante al que se puede acceder andando en bajamar y que, cuando sube la marea, parece flotar en el mar, creando una imagen única y casi mágica.
2. El bambusal de Arashiyama
No negaré que me pareció más pequeño de lo que me esperaba y que había demasiada gente como para disfrutarlo en tranquilidad. Pero esto segundo tiene solución, ya que siempre se puede madrugar para verlo en soledad. A pesar de todo, y si uno mira para arriba a los enormes bambús que apenas filtran la luz del sol, tendrá una sensación difícil de experimentar en ningún otro tipo de bosque. ¿Por qué si no va a ser tan conocido y mediático?
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3. El Monte Fuji
Aquí estamos ante otro lugar mítico de Japón, el monte sagrado que es símbolo del país. Este volcán, que además es el pico más alto del país, es visible desde muy lejos y, si se tiene suerte, se puede apreciar desde Tokio en días en los que no haya mucha contaminación. Es Patrimonio de la Humanidad desde 2013, y una de las vistas más famosas que se pueden tener de él es la del parque Arakurayama Sengen, con una bonita pagoda de seis pisos en primer plano. Parece la imagen perfecta, aunque, también la más deseada.
4. El paisaje histórico de Nara
Si vas a Japón, tienes que visitar Nara. En un breve recorrido en tren desde Kioto llegarás a esta ciudad, que fue capital de Japón y que cuenta con uno de los conjuntos artísticos y paisajísticos más hermosos de todo el país. El paisaje de verdor y templos que aquí os traigo se aprecia desde la terraza de madera del Nigatsu-do, templo construido hacia el año 750. Sal a su porche y disfruta de esta vista única, de leyenda. Verás que el paseo cuesta arriba habrá merecido la pena.
5. Un templo que es de por sí un paisaje: el Pabellón Dorado
Al viajero occidental le sorprende sin duda la habilidad japonesa para crear jardines paisajísticos. Una de las estampas más conocidas de Japón, con la del Monte Fuji, es sin duda la que conforma el Templo del Pabellón Dorado de Kioto con su entorno. Kinkakuji se refleja en el estanque de manera perfecta. Ni siquiera saber que un monje obsesionado con su belleza le prendió fuego en 1950 y que estamos viendo una reconstrucción, le quita un ápice de magia a uno de los lugares más bellos que he visitado.
6. Kamikochi en los Alpes Japoneses del norte
Pues sí, en Japón también hay Alpes, y aquí es donde se encuentran los picos más altos de todo el país. Uno de los paisajes más bellos que podemos ver es, sin duda, el de Kamikochi, un valle situado en las tierras altas y que está rodeado por picos de gran altura. Bien seas avezado montañero o, simplemente, amante de las caminatas al aire libre, este lugar te fascinará.
7. El “hanami” o floración de los cerezos
Los cerezos en flor han dado justa fama a Japón (como a otras regiones del mundo), ya que aquí se une la composición de los jardines a la belleza habitual de la floración.
La contemplación de los cerezos en flor o “hanami” es una experiencia sensorial única a la que los japoneses dedican tiempo y recursos. Entre marzo y abril suele producirse, y en innumerables lugares de Japón podrás disfrutarlos viendo cómo los japoneses se relajan y hacen una auténtica fiesta del cerezo.
8. El Kumano Kodo
Se trata de una de las antiguas rutas de peregrinaje que siguen en activo. Se sitúa al sur de la región de Kansai y es el camino que une tres santuarios sintoístas por senderos montañosos de belleza incomparable. Una forma única de acercarse a la tradición sintoísta milenaria de unión con la naturaleza.
9. Yakushima
Situada cerca de la ciudad de Kagoshima, en Kyushu, esta isla subtropical del sur de Japón y Patrimonio de la Humanidad es poco conocida por los occidentales y ofrece un paisaje único de montaña y playas. Una combinación particular que, además, tiene el aliciente de contar con onsen o baños públicos costeros. Sin duda será un lugar de lo más particular para rematar un viaje a Japón.
10. El paisaje urbano de Tokio
Cuando hablamos de paisajes solemos pensar en naturaleza. Pero en Japón uno de los que más sorprenden hasta al más avezado viajero es, sin duda, el de la enormidad de la capital tokiota. El vértigo transmitido desde los ventanales del Park Hyatt en “Lost in translation” se entiende bien, aunque uno se asome a cristaleras menos exclusivas. La vista desde la torre Mori o desde las oficinas del Gobierno Metropolitano son recomendables para llevarte una primera impresión de la ciudad. La megalópolis se extiende desde las alturas y te hace pensar en todos esos seres humanos que ni siquiera se ven desde arriba y que se mueven deprisa en una ciudad que nunca duerme.
Este artículo es obra de Cristina, autora de Ida y Vuelta Blog de Viajes. Síguele la pista en Facebook, Twitter e Instagram.
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